Archivo por meses: febrero 2016

¿Cuál es el futuro de las Memorias de Sostenibilidad?

Jaume Fons – @jaumecologist

Consultor senior en RSE y Sostenibilidad

Cimas Innovación y Medio Ambiente  – @cimasinnovacion

Las empresas privadas, entidades públicas y administraciones son cada vez más conscientes de la necesidad de contar quiénes son, cómo trabajan y cómo gestionan los recursos con que cuentan sus organizaciones.

Hasta ahora, una de las formas más extendidas era la elaboración de una memoria de sostenibilidad, informe, o similar. Un documento en el que se daban respuesta a una batería de indicadores, más o menos extensa, centrados en los aspectos económicos, ambientales y sociales más relevantes del año.

Hace unos años (y todavía hoy) parecía importar más la cantidad que la calidad. El resultado eran unos documentos de centenares de páginas que desafiaban al lector a conseguir comprender la dimensión completa del informe. Uno tenía la sensación que, en definitiva, el mejor lugar para esconder un árbol sería un bosque.

Afortunadamente, la evolución de estos reportes de información ha cambiado. De los documentos monolíticos de cientos de páginas, la tendencia reciente es a contar más con menos. O a contarlo mejor. Acorde a las últimas directrices de GRI, es necesario explicar aquello que realmente interesa a los grupos de interés, a las partes con las que nos relacionamos.

A medida que la tecnología avanza, también lo hacen las tendencias que incorporan los actuales modelos de reporte de la sostenibilidad.

Información más organizada y accesible: se hace más fácil encontrar el dato o elemento que nos interesa, pudiendo obviar aquellos que no nos aportan nada nuevo.

Multisoporte: ya no se pública un único documento en un único formato. La información está segmentada y adaptada a diversas plataformas (web, smartphones, tabletas, redes sociales, soporte físico…)

Público segmentado: los trabajadores, los accionistas o los vecinos de la organización, por ejemplo, no van a demandar el mismo tipo de información ni la van a demandar en el mismo lenguaje. Adaptar la comunicación en función del público que acceda es una clave para garantizar que el reporte se ha llevado con éxito.

Trazable: una clave que, independientemente del soporte, debe ser prioritario en todo reporte. La información y el discurso no deben dejar lugar a duda sobre la veracidad y el origen de los datos. Que el lector entienda qué datos se le ofrece, porqué y en qué unidades es clave para que la imagen de la organización sea real, certera.

Éstas son algunos de los rasgos que definen cómo los nuevos informes de sostenibilidad pueden ayudar a difundir en qué consiste ser responsables y qué beneficios aporta. Una tarea que no es sencilla, pero sí imprescindible para conseguir una ciudadanía más proactiva y concienciada.

El aire que respiramos, ¿está limpio?

Jaume Fons – @jaumecologist

Consultor senior en RSE y Sostenibilidad

Cimas Innovación y Medio Ambiente  – @cimasinnovacion

 

La contaminación atmosférica se ha convertido en uno de los problemas  más graves a los que se tendrán que enfrentar los gestores de las ciudades en los próximos años. De hecho, según un estudio de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA), es la responsable de más de 430.000 muertes prematuras en Europa.

Las ciudades están llamadas a ser los lugares de mayor densidad de población, a tenor de la evolución reciente y por las perspectivas demográficas de futuro. Son puntos en el territorio que aglutinan, en poca superficie, una gran cantidad de actividad humana. Esto hace necesario un suministro constante de energía, alimentos y recursos naturales; junto con necesidades en materia de recogida de residuos, limpieza o transporte.

Éste último es uno de los mayores responsables de los niveles de contaminación que se registran en las ciudades. Los contaminantes que afectan en mayor grado a la salud humana son las partículas en suspensión (PM), el ozono troposférico (O3) y el dióxido de nitrógeno (NO2).

Es innegable que, en las últimas décadas, la industria del automóvil y la logística han hecho avances significativos en reducir las emisiones contaminantes asociadas al transporte de personas y mercancías, pero todavía hoy se dan situaciones de alarma sanitaria ante episodios de elevada contaminación. No es casual que un tercio de los españoles respire aire contaminado.

«A pesar de las mejoras continuas en las últimas décadas, la contaminación atmosférica sigue afectando a la salud general de los europeos, mermando su calidad de vida y su esperanza de vida», ha afirmado el Director Ejecutivo de la AEMA, Hans Bruyninckx. «También tiene un considerable impacto económico, al aumentar los costes médicos y reducir la productividad por los días de trabajo que se pierden en todos los sectores».

Un problema añadido que dificulta la sensibilización hacia éste problema es que este tipo de contaminación no es tan visible como otras. A diferencia de un río contaminado o un vertido, la contaminación atmosférica pasa desapercibida para la mayoría de la población, lo que reduce la percepción del problema y, por tanto, minimiza la adopción de cambios en los hábitos contaminantes. En 2013, el eurobarómetro recogía que el 87 % de los ciudadanos europeos se mostraba convencido de que no se hace lo suficiente para atajar la contaminación atmosférica.

¿Qué se puede hacer para actuar frente a este problema? Apuntaban como solución, además de que la industria y los productores  de energía adopten medidas suficientes,  reducir el uso del automóvil y sustituir los viejos aparatos en las casas por otros más eficientes.  Siete de cada diez europeos se declara insatisfecho con lo que hacen sus gobiernos para que el aire sea respirable. Fuera de las ciudades, también hay trabajo por hacer, fomentando, por ejemplo, medidas para reducir la utilización de nitrógeno en la alimentación animal y los abonos.

En definitiva, parece claro que ante un problema difuso se requieren múltiples soluciones; por lo que la reducción de la contaminación atmosférica sólo será posible desde una actuación coordinada que implique a la industria, las administraciones públicas y la sociedad civil.